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domingo, 26 de septiembre de 2010


Ella y su sonrisa. Ella y su alegría. Su felicidad. Sus ganas de vivir. Mujer, niña. Ella. Sólo ella. La chica de los jázmines. Ella motor amor.

sábado, 25 de septiembre de 2010



Hay días iluminados por pequeñas cosas, por nimiedades que te hacen increíblemente feliz: una sobremesa con risas, un juguete de infancia que aparece en la estantería de un anticuario, una mano que aprieta la tuya, una llamada que no esperabas, unas palabras dulces, tu hijo que te abraza sin pedir otra cosa que un momento de amor... Hay días iluminados por pequeños momentos de gracia, un aroma que te alegra el alma, un rayo de sol que entra por la ventana, el ruido de un chaparrón cuando estás todavía en la cama, las aceras nevadas o la llegada de la primavera y sus primeros brotes.
Hay días hechos de nimiedades, días de los que uno se acuerda mucho tiempo sin que pueda verdaderamente saber por qué.
Hay días hechos de nimiedades y que llenan el alma de melancolía, momentos de soledad de los que uno se acuerda durante mucho, mucho tiempo.

miércoles, 22 de septiembre de 2010



Era como alguien que no ha respirado aire puro durante mucho tiempo y toma una bocanada.

martes, 21 de septiembre de 2010


La memoria es tan perezosa como hipócrita y sólo retiene los mejores y los peores recuerdos, los tiempos más extremos, nunca la medida de lo cotidiano.


domingo, 19 de septiembre de 2010



-¿Sabrían explicar a un niño de seis años qué es la inteligencia de la que hablaba la señorita, la que habría permitido al hombre domesticar el fuego?
-¿Por qué a un niño de seis años?
-¡Porque si usted no sabe explicar un concepto a un niño de seis años, es que no conoce su sentido!
Todos somos niños de seis años en este pequeño planeta -dijo más calmado. Al niño de seis años que les hubiera preguntado que es la inteligencia, hubieran podido responderle con una sola palabra: el amor. Éste es un pensamiento que se nos escapará todavía durante mucho tiempo.



jueves, 16 de septiembre de 2010

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Y, sin esperar respuesta,  Keira dejó caer su carpeta al suelo, se lanzó a mis brazos y me besó. Aquel beso me supo a papel maché; era exactamente eso, un beso de papel en donde en otro tiempo había soñado con escribir todo lo que sentía por ella. Hay algunos primeros besos que hacen que tu vida entera se desequilibre. Incluso si uno no quiere aceptarlo, es así. Esos primeros besos te pillan por sorpresa, sin previo aviso. A veces eso ocurre con el segundo beso, aunque éste ocurra quince años después del primero.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

El primer día




-¿Crees que hay vida allá arriba en alguna parte?
-¿Cien millones de galaxias que contienen cada una cien millones de estrellas y casi tantos sistemas solares? La probabilidad de que estemos solos es casi nula. Sin embargo, no creo en los pequeños hombrecillos verdes. Estoy seguro de que la vida existe, pero ¿bajo qué forma? Las posibilidades van desde una simple bacteria a seres tal vez aún más avanzados en su proceso evolutivo que nosotros los humanos. ¿Quién sabe?

lunes, 13 de septiembre de 2010

Sueños sin lienzo.


Al fin y al cabo, siempre he creído que el dormir es como viajar al futuro. Mucha gente cree que jamás viajaremos al futuro, pero yo creo que lo hacemos cada noche. Duermes y cuando despiertas han pasado cosas increíbles: se han firmado tratados, han cambiado los valores de la bolsa, hay gente que ha roto con su pareja o se ha enamorado en otras partes del planeta, donde la vida sigue…

Y todos esos grandes acontecimientos han pasado mientras dormías. En esos dos segundos donde realmente transcurren ocho horas o nueve o diez, dependiendo de lo que necesitas y lo que encuentras. Y es que dormir nunca es igual.

Siempre me ha parecido alucinante el suspiro del tiempo que es dormir si se practica bien.

Todo lo que siempre será

Enigma

jueves, 9 de septiembre de 2010

Albert Espinosa, Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo.





Ella siempre me hablaba de los grosores del silencio, que eran evidentes en los teatros.

Me los mostró muchas veces en directo desde la última butaca de numerosos teatros.

Había silencios de dos centímetros que equivalían a atención sin pasión.

Otros más gruesos; silencios que rondaban los cuarenta centímetros, que son los que perforan al intérprete y hacen que sienta la magia del teatro en toda su plenitud.

Y finalmente los de noventa y nueve centímetros. Ésos son tan esplendorosos como una triple risa al unísono de todos los espectadores. Resuena, se escucha, se vive y se siente. Es la pérdida de conciencia total del espectador, justo cuando olvida cualquier problema personal y su cerebro deja de emitir el sonido de la preocupación; eso es lo que hace que el silencio sea supremo. Dejar de pensar lo silencia todo.